STEFANO & CAROLINA


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Publicado octubre 3, 2020
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La historia de amor de la princesa Carolina de Monaco y Stefano Casiraghi culminó hace 30 años con la trágica muerte del que aseguran fue el amor de su vida. Tres décadas después recordamos la historia de Stefano y Carolina.

“Stefano Casiraghi, esposo de la princesa Carolina de Mónaco, murió, al voltear el intraborda que tripulaba, en un accidente motonáutico registrado durante la segunda manga del Campeonato del Mundo de offshore, disputado en aguas del Principado” informaban medios de comunicación alrededor del mundo, las fotografías de la princesa Carolina tras recibir la noticia así como imágenes del momento del accidente consternaron al mundo; Stefano -30 años- perdía la vida, otra tragedia en el principado, cuando parecía que todo había vuelto a la calma. Mónaco se vistió de luto y lloro al hombre que sin título nobiliario fue un auténtico príncipe.

Para la princesa Carolina de Monaco 1982 representó un año difícil, quizás uno de los peores, su separación de Philippe Junot tras descubrir sus infidelidades, un escandaloso romance con el tenista argentino Guillermo Vilas y la trágica muerte de su madre fueron eventos que marcaron su vida ese año; para 1983 la princesa manejó un perfil bajo, además cabe mencionar se encontraba distanciada de su hermana Estefania. Fue durante el verano que aceptó la invitación de su antiguo novio Robertino Rossellini -hijo de Ingrid Bergman- para pasar unos días en su yate, sin imaginar que durante ese viaje se volvería a enamorar.

Stefano Casiraghi de entonces 23 años se encontraba entre el grupo de amigos que Rossellini invitó a pasar unos días a la isla de Córcega, el flechazo fue inmediato, Carolina quien quizás creyó durante ese viaje su romance con Robertino se reanudaría, no que encontraría un nuevo amor. Casiraghi resultó ser el hombre que Carolina tanto había soñado, no solo era heredero de una gran fortuna sino que además este se enamoró profundamente de ella; juntos recorrieron el mundo e incluso se instalaron una temporada en “La Cicogna”, el palacete que la familia Casiraghi poseía en Italia. Carolina estaba muy feliz y los Grimaldi recibieron a Stefano con los brazos abiertos, al poco tiempo Carolina supo que se encontraba embarazada y apresuró sus planes.

El 29 de diciembre de 1983 la pareja se casó en el Palacio del Principado, ella muy discreta con un sencillo ajuar de Christian Dior y un romántico lazo en el cabello, muy distinto a lo que fue su enlace con Junot cinco años atrás. La gran diferencia es que la felicidad de Carolina era plena, se casaba con el hombre de su vida y pronto se convertiría en madre.

La pareja recibió a su primogénito Andrea en junio de 1984, dos años después llegó Carlota y en 1987, Pierre. La pareja era considerada una de las más atractivas de la prensa rosa, su vida era realmente glamorosa, se les veía felices y enamorados, volcados hacia sus hijos pero todo se derrumbó el 3 de octubre de 1990.

Era miércoles, Carolina se encontraba en París con su amiga Inés de la Fressange mientras su marido defendía su título de campeón mundial de offshore clase I, la Fórmula 1 de las aguas, pero algo salió mal, de pronto su lancha comenzó a rebotar y girar sobre el agua. Casiraghi quedó atado al asiento cuando la lancha salió disparada y se estrelló boca abajo, al principio se creyó que Casiraghi murió ahogado pero la causa de la muerte fue el impacto que recibió. Carolina estaba destrozada, Stefano había muerto con solo 30 años.

Después de la muerte de Stefano, Carolina se recluyó en St Remy con sus hijos, fueron años difíciles donde pocas veces hizo actos públicos en Mónaco. Con el tiempo fue recuperándose, incluso se volvió a casar en 1999 con el príncipe Ernesto de Hannover y dio a luz a la princesa Alexandra. Pero si hay algo que muchos afirman es que nunca se volvió a enamorar como lo hizo de Stefano, el padre de sus tres hijos mayores, el cuento de hadas de Carolina no tuvo un final feliz pero su historia con Stefano es sin duda alguna el capítulo más romántico de su vida.

 

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Esta publicación fué escrita por Eugenia Garavani

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