LA MADRE DE FELIPE


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Publicado mayo 10, 2019
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La extraordinaria vida de la madre del Duque de Edimburgo, una mujer que tuvo que aprender a afrontar la vida desde su nacimiento y que es digna de admiración.

 

La historia de la madre del Duque de Edimburgo, marido de la reina Isabel es un relato largo, una vida colmada de tragedia, una vida sinigual y que pocas veces se cuenta. Esta es la historia de Alice de Battenberg.

Fue en el emblemático castillo de Windsor en 1885 que nació en presencia de su bisabuela, la reina Victoria de Inglaterra. Alicie era hija de Luis de Battenberg y de Victoria de Hesse (nieta de la reina británica), pero muy pronto su madre se dio cuenta que su pequeña princesa tenía problemas para comenzar a hablar, llevada inmediatamente con un especialista le diagnosticaron “sordera congénita”, Ante el diagnosticó la reina Victoria vio que su bisnieta recibiera la mejor atención, la madre de la princesa se encargó de su educación, no solo aprendió el lenguaje a señas sino que además aprendió a leer los labios,  la princesa dominaba el inglés, el alemán, francés y posteriormente el griego.

Como princesa de la casa real, su limitación no la exentaba de llevar a cabo su rol dentro de la monarquía; la princesa fue dama de la reina María de Teck en su boda con el rey Jorge V –abuelos paternos de la reina Isabel II- y también estuvo presente en los funerales de su bisabuela la reina Victoria. Fue a los 17 años en la coronación del rey Jorge V que cruzo miradas por primera vez con el príncipe Andrés de Grecia. Andrés era el hijo menor del rey Jorge I de Grecia y de su esposa la reina Olga (nacida Olga Romanov, princesa de Rusia).

 

 

La pareja se casó en 1903 y se marchó a vivir a Grecia, del matrimonio nacieron cinco hijos: Margarita, Cecilia, Sofía, Theodora y Felipe, el único varón. Sin embargo la situación política de Grecia era conflictiva, Andrés participo como teniente en el ejército durante la Guerra de los Balcanes en 1912, fue en ese periodo que su padre fue asesinado, su hermano Constantino ascendió al trono y a Andrés le heredaron una villa en la Isla de Corfú, donde se instaló con su esposa y entonces cuatro hijas, el príncipe Felipe nació unos años después en 1921.

Los siguientes años estuvieron llenos de cambios políticos, tras un golpe de estado, Andrés fue arrestado y encontrado culpable, su familia aterrada tuvo que escapar, la historia cuenta que el pequeño Felipe iba dentro de un cesto de naranjas cuando su familia huyo a Francia. Llegaron a Paris como refugiados, sobreviviendo únicamente de la caridad de sus familiares. Al parecer, estas dificultades empujaron a Alice a centrarse en gran medida en sus creencias religiosas.

La salud mental de Alice se deterioró en los próximos años. En 1930 escuchaba voces y creía que estaba teniendo relaciones físicas con Jesús y otras figuras religiosas. Esto la llevó a ser diagnosticada  con esquizofrenia, por lo que recibió algunos tratamientos bastante traumáticos. Fue enviada a una clínica de Berlín, donde su útero fue destruido con rayos X para curarla de sus deseos sexuales frustrados. Sigmund Freud era la mente detrás de este método, pero no pudo curar su enfermedad mental. Fue ingresada en un sanatorio suizo donde permaneció dos años y medio.

Alice y Andrés nunca se divorciaron legalmente, pero él la dejó por su amante. Con Alice encerrada y Andrés fuera de escena, Felipe se quedó sin padres y sin hogar. Algo curioso es que la madre de Alice, la princesa Victoria de Battenberg vivía en Londres, instalada en el Palacio de Kensington, en donde actualmente vive parte de la familia real británica. La princesa Victoria decidió tras ver a su nieto prácticamente en la orfandad que lo mejor sería darle a alguien la tutela, ese alguien fue Louis Mountbatten, tío del príncipe.

Louis Mountbatten opto por enviar a Felipe a un internado en Escocia y prepararlo para formar parte del ejército. Mientras que Andrés vivía en la Riviera Francesa, ajeno a los pesares de su familia. El príncipe disfrutaba de vivir a bordo de un yate en compañía de la Condesa Andrée de la Bigne, quien solventaba su vida de lujos y comodidades.

Alice fue liberada del sanatorio en 1932, pero pasaron cinco años antes de que se reuniera con Felipe. A lo largo de esos cinco años, se convirtió en vagabunda, según los informes, hospedándose en casas de huéspedes alemanas. Su reunión pudo haber sido largamente esperada, pero se llevó a cabo en medio de la tragedia. Asistían al funeral de Cecilia, la hija de Alice y la hermana de Felipe en 1937. La joven murió trágicamente cuando su avión se estrelló.

Alice quería que Felipe, de 16 años en ese entonces, viviera con ella en Atenas (la monarquía griega había sido restaurada en 1935). Pero el futuro de Felipe estaba en la Royal Navy. Y en 1941, Alice quedó varada en la Grecia ocupada por los nazis. Su hermano, Lord Mountbatten, envió paquetes de alimentos, que ella le dio a los necesitados. Luego, durante más de un año, escondió a una familia judía en el último piso de su casa, a solo unos metros del cuartel general de la Gestapo.

 

 

En septiembre de 1943, cuando los nazis conquistaron Atenas tras la rendición de Italia, comenzó la persecución de los judíos griegos. Durante la ocupación nazi, hubo miles de judíos en Atenas que buscaron refugio de la Gestapo, que deportó a 60,000 de los 75,000 judíos griegos a los campos de concentración. Mientras esto ocurría, Alice escondió a Rachel Cohen, junto con dos de sus cinco hijos. Sorprendentemente, mientras Alice escondía a una familia judía en su casa, sus hijas vivían en Alemania y estaban cerca del régimen nazi. Sofía, su hija menor, estaba casada con el Príncipe Christoph von Hessen, un oficial nazi que sirvió bajo el mando de Hermann Goering. La princesa Margarita, la hija mayor, se casó con Gottfried, quien luchó con uniforme alemán en el frente ruso.

La Gestapo sospechó de Alice y  la interrogó varias veces, pero ella afirmó que no podía entender debido a su discapacidad auditiva, aunque podía entender y hablar. Al principio, estaban convencidos de que era pro alemana debido a sus hijas, pero no lo era. Ella realmente arriesgó su vida para salvar a la familia Cohen, y es importante que la gente lo sepa.

Cuando fue honrada póstumamente en 1994 como “Justa entre las Naciones”, el más alto honor israelí para los no judíos que arriesgaron sus vidas durante el Holocausto, el Príncipe Felipe viajo a Israel a plantar un árbol en su nombre dijo: “Habría considerado que era una reacción natural para los demás seres en peligro”. Después de la guerra, los diamantes de una de sus tiaras fueron destinados para que Felipe mandar hacer el anillo de compromiso que le dio a la princesa Isabel como símbolo de su compromiso.

Alicie  vendió el resto de sus joyas para fundar su propia orden religiosa, la Hermandad Cristiana de Marta y María, en 1949 y construyó un convento y un orfanato en un suburbio pobre de Atenas.  Cuando hubo el golpe militar griego en 1967, Alice se negó a moverse de Atenas hasta que el Príncipe Felipe envió un avión, junto con una petición especial de la Reina, para llevarla a casa.

 

 

La reina le dio a su suegra una habitación en el Palacio de Buckingham. Alice falleció en 1969, pasó sus últimos años jugando con sus nietos más pequeños y pasando largas horas conversando –a señas-  con su hijo Felipe a quien trato de recompensar por todos esos años que vivió sumergida en la locura. La presencia de Alice en Buckingham impacto la vida de muchos especialmente la del príncipe de Gales que encontró en su abuela a un ser extraordinario a quien recuerda con gran cariño, en su última visita a Jerusalén en 2016, el príncipe Carlos visito la tumba de su abuela dejándole una ofrenda, ahí se le vio visiblemente emocionado.

Alice de Battenberg es una de esas mujeres que pasaran a la historia por haber vivido eventos trágicos pero que hasta cierto punto la convirtieron en heroína, fue una madre ausente pero al fin y al cabo supo dejar una huella  honda en el recuerdo de su hijo que está próximo a cumplir 98 años, hoy en el día de las madres recordemos a esa madre que dentro de su locura encontró paz para después ayudar al prójimo, que encontró valentía en medio de la soledad, una sobreviviente pero sobre todo una mujer admirable. Asi recordamos el legado de la madre del príncipe.

 

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Esta publicación fué escrita por Eugenia Garavani

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